¿Quién es la nueva presidenta de Venezuela? El ascenso de Delcy Rodríguez en medio de una crisis sin precedentes

De una herencia marcada por la militancia marxista al poder absoluto tras la captura de Maduro, bajo una vigilancia inédita de Estados Unidos.

La asunción de Delcy Eloína Rodríguez Gómez como nueva presidenta de Venezuela se produce en uno de los momentos más delicados y excepcionales de la historia contemporánea del país. Su llegada al poder no responde a un proceso electoral ni a una transición institucional tradicional, sino a una sucesión forzada tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026.

Con 56 años, Rodríguez asume el control del Estado venezolano en un escenario de incertidumbre política, presión internacional, fractura social y una posible redefinición del equilibrio de poder en América Latina. Cada uno de sus movimientos es observado de cerca por la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que ya dejó en claro que no tolerará desvíos respecto de sus expectativas estratégicas.

Una sucesión extraordinaria bajo vigilancia internacional

La toma de posesión de Rodríguez se dio en un contexto sin precedentes constitucionales claros. Aunque formalmente juramentada como presidenta interina o de facto, Rodríguez ha insistido reiteradamente en que Maduro continúa siendo el presidente legítimo de Venezuela, una postura que refleja la tensión entre la continuidad ideológica del chavismo y la nueva realidad del poder.

Desde sus primeras declaraciones públicas, calificó la operación estadounidense como un "ataque brutal" y la captura de Maduro como un "secuestro internacional", llegando incluso a exigir a Washington pruebas de vida del mandatario depuesto. Este discurso busca reforzar la narrativa de soberanía vulnerada, central en el relato chavista desde sus orígenes.

Sin embargo, esa retórica confrontativa convive con una realidad incómoda: el futuro inmediato de su gobierno depende, en gran medida, de la relación con Estados Unidos, que controla el ritmo de sanciones, reconocimiento internacional y acceso a recursos clave.

Trump endurece el tono: advertencia directa al nuevo liderazgo

El presidente Donald Trump no tardó en marcar límites. En declaraciones a The Atlantic, lanzó una advertencia explícita dirigida a Rodríguez:

"Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente más alto que el de Maduro".

La frase fue interpretada por analistas como un mensaje de disuasión directa, dejando en claro que la Casa Blanca considera a Rodríguez personalmente responsable de cualquier decisión futura del gobierno venezolano.

A diferencia de Maduro, cuya relación con Washington estaba completamente rota, Rodríguez es vista como una figura en evaluación, aún no descartada como posible interlocutora válida.

La visión de Washington: menos ideología, más pragmatismo

Desde el Departamento de Estado, el tono fue sensiblemente distinto. El secretario Marco Rubio dejó entrever que Estados Unidos espera un cambio de actitud en Caracas.

"Esperamos ver más cumplimiento y cooperación de la que recibíamos antes", afirmó Rubio en Meet the Press. "Con Nicolás Maduro no se podía negociar nada".

Rubio también buscó aclarar las declaraciones iniciales de Trump sobre que Estados Unidos "administraría" Venezuela:

"No se trata de gobernar el país. Se trata de orientar la política. Queremos que Venezuela vaya en una dirección que beneficie a su pueblo y a nuestros intereses nacionales".

Esta distinción sugiere que Washington no busca una ocupación formal, sino un alineamiento estratégico, particularmente en temas de narcotráfico, energía, migración y seguridad regional.

Orígenes ideológicos: una herencia marcada por la violencia política

Para comprender a Delcy Rodríguez es imprescindible analizar su historia familiar. Su padre, Jorge Rodríguez padre, fue una figura destacada de la izquierda radical venezolana durante los años posteriores al fin de la dictadura militar en 1958.

Como secretario general de la Liga Socialista, participó en movimientos guerrilleros inspirados en el marxismo latinoamericano. En los años setenta fue detenido en el contexto del secuestro del empresario estadounidense William Niehous y murió bajo custodia del Estado venezolano durante el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez, tras ser golpeado por agentes de inteligencia, según documentos de la CIA.

Ese episodio se convirtió en un trauma fundacional para la familia Rodríguez y en un símbolo de lo que el chavismo denominaría más tarde "la violencia del sistema democrático burgués".

Del aula universitaria al proyecto bolivariano

Delcy Rodríguez se desempeñaba como profesora universitaria de Derecho cuando el entonces militar Hugo Chávez encabezó su fallido golpe de Estado en 1992 contra Carlos Andrés Pérez.

La posterior elección de Chávez en 1998 marcó el inicio de una reconfiguración total del sistema político venezolano, y Rodríguez, junto con su hermano Jorge Rodríguez, se integró plenamente al nuevo proyecto bolivariano.

Antiguos guerrilleros, militantes radicales y cuadros ideológicos pasaron a ocupar cargos de poder, cerrando el círculo histórico iniciado décadas atrás.

Un ascenso sostenido dentro del chavismo

Rodríguez construyó su carrera política desde posiciones estratégicas clave: primero como ministra de Comunicación, luego como canciller —donde defendió a Venezuela en foros internacionales frente a sanciones y denuncias— y finalmente como vicepresidenta ejecutiva.

A diferencia de Maduro, no enfrenta cargos criminales en tribunales estadounidenses, lo que la convierte en una figura menos tóxica jurídicamente para Washington. Sin embargo, figura desde hace al menos una década en listas de sanciones del Departamento del Tesoro, vinculada a prácticas antidemocráticas, violaciones a los derechos humanos y corrupción, según el Servicio de Investigación del Congreso de EE.UU.

Continuidad ideológica y pragmatismo forzado

Aunque Rodríguez ha prometido continuar las políticas de Maduro y reafirmó que Venezuela "nunca volverá a ser una colonia", sectores diplomáticos consideran que su estilo es más técnico, menos impulsivo y potencialmente negociador.

Esto abre un dilema central:

  • ¿Será una guardiana del chavismo duro, o una figura de transición dispuesta a concesiones tácticas para preservar el poder?

Hasta ahora, su discurso público apunta a la continuidad ideológica, pero sus márgenes reales de acción parecen condicionados por factores externos.

Un poder frágil en un momento histórico crítico

Delcy Rodríguez asume la presidencia en un país económicamente devastado, con una población empobrecida, millones de emigrados, instituciones debilitadas y una soberanía cuestionada por la intervención extranjera.

Su liderazgo estará sometido a presión simultánea:

  • Desde Washington.

  • Desde la comunidad internacional.

  • Desde las Fuerzas Armadas.

  • Desde una sociedad exhausta.

El futuro de Venezuela dependerá, en gran medida, de si Rodríguez logra sostener el poder sin aislar aún más al país, o si su presidencia se convierte en una etapa transitoria hacia un nuevo orden político.